SIMBOLISMO ALQUIMICO
Primera Figura del Speculum Veritatis
Ireneo Filaleteo
La Alquimia ha ejercido a lo largo de los tiempos una especial fascinación en las personas. En la actualidad, la nueva generación muestra una gran curiosidad e interés por esta casi olvidada «ciencia».
Siempre existirán individuos que, por la curiosidad de penetrar en lo legendario y en lo desconocido, se aventurarán a franquear la entrada del laberinto que es la Alquimia.
Hoy, la Alquimia cohabita pacíficamente con la Ciencia, y no es raro ver personas con formación superior en las ramas científicas, de la medicina o de las letras, practicando el Arte Real.
Se ha escrito mucho sobre el simbolismo alquímico encontrado en las catedrales, palacios y hasta casas señoriales. Es, en verdad, un fascinante trabajo desvelar el secreto contenido en esas figuras esculpidas en la piedra por nuestros artistas antepasados, como testimonio de su conocimiento de la «ciencia» de Hermes.
En cuanto al simbolismo alquímico, hasta donde sabemos, no existían ni existen reglas fijas. Todo era, y aún es, dejado a la imaginación y a la creatividad de sus autores. Por eso, como es obvio, se da lugar a las llamadas especulaciones "filosóficas" que muchas veces no tienen nada que ver con la realidad alquímica.
Decimos que en la Alquimia, no hay reglas fijas en su simbolismo, pero, en lo que respecta a la Alquimia descriptiva y práctica, los antiguos maestros utilizaron con frecuencia, un lenguaje figurado, basado casi siempre en la mitología indoeuropea, que puede ser interpretado por quien tenga los conocimientos necesarios, teniendo en cuenta los resultados obtenidos en las operaciones descritas. De esta manera se puede llegar a concluir con alguna certeza, cuáles son las sustancias químicas, metales o minerales que intervienen en esas operaciones y en el modus operandi.
Para ilustrar lo que acabamos de decir, vamos a analizar sintéticamente lo que Filaleteo, autor del Speculum Veritatis, nos ha querido transmitir, alegóricamente, en la Primera Figura de este tratado.

En el lado izquierdo de la figura vemos un Lobo devorando a un Joven guerrero caído en el suelo con armadura y casco, empuñando una espada en la mano derecha. También se ve un árbol, cubierto de hojas. En el centro otro Guerrero, de pié, más viejo y barbudo, con una pata de palo, armadura y casco, empuñando en la mano derecha un objeto flamígero que le confiere poder (principio) ígneo (ardiente) y, en la mano izquierda, un Globo Crucífero con una Estrella en el centro. Por encima de este Globo, entre las nubes, un Carnero tiene marcado sobre la espalda una Estrella que se proyecta sobre el globo. En el lado derecho aparecen dos ancianos (alquimistas), uno de ellos recibiendo en las manos un Globo Crucífero que el guerrero le entrega. El otro anciano está observando atentamente.
El simbolismo es claro y no deja lugar a dudas. El investigador sagaz y conocedor fácilmente podrá verificar que se trata de una representación alegórica de la Primera Obra de Filaleteo por la Vía seca, o sea, la Separación y Purificaciones con vistas a la obtención del Régulo marcial estrellado, como veremos más adelante. Para que no haya la menor duda en cuanto a la veracidad de esta descripción estableceremos, a continuación, los fundamentos de la misma.
El Lobo representa alegóricamente el Sujeto mineral, también conocido como Dragón negro, hijo de Saturno o Saturnia Real. Basilio Valentín, en la Primera Clave de su libro Las Doce Llaves de la Filosofía, se refiere a este Lobo gris hambriento que se come todos los metales, y así también Cristóbal Glasser lo cita en su Tratado de Química.
El joven guerrero que el lobo está devorando con la ayuda de Vulcano, - dios del fuego, y que aquí se encuentra representado por el guerrero más viejo, cojo y con pata de palo - representa a Marte el guerrero.
El globo crucífero, que Vulcano sujeta con la mano izquierda y va a entregar a los ancianos alquimistas, es el símbolo del sujeto mineral, que el artista debe encontrar e identificar para comenzar la Obra. La estrella que se ve en el centro del globo simboliza el régulo marcial estrellado, procedente de la separación y de las posteriores purificaciones por el fuego y por la sal. Debajo del globo crucífero corre un riachuelo, simbolizando nuestra agua viva, o sea, el Mercurio, que será posteriormente animado.
El carnero o Aries, simboliza astrológicamente la estación del año propicia para el comienzo de los trabajos, también identificada por las hojas de los árboles. Además, la correspondencia metálica de Aries es la misma de Marte, el mismo generador del signo estrellado del régulo marcial, que atestigua la canonicidad de la operación.
Como se sabe, los signos astrológicos y los planetas tienen su correspondencia con los respectivos metales, también tenidos en cuenta por los antiguos alquimistas. Además, existe una profusión de símbolos espagíricos, no siempre coincidentes, que hacen la tarea del investigador del Arte de Hermes más dificultosa.
(Speculum Veritatis, Siglo XVII, Biblioteca Apostólica del Vaticano, Cod. Lat. 7286 folio 2)
In La Gran Obra Alquímica, Rubellus Petrinus, Editorial Mirach, SL, Villaviciosa de Odón, (Madrid),1999.
(Imagen con enlaces)
Rubellus Petrinus