Sobrefusión

TRAITE DU FEU ET DU SEL, Blaise de Vigenère, París, 1618, página 87.

«De manera que quien quisiera tener la paciencia de cocer el plomo en un fuego regular y continuo que no exceda el punto su propia fusión, es decir, que el plomo se mantenga siempre fundido, y no más, añadiéndole alguna porción de plata viva y de sublimado para evitar que se calcine y se reduzca a polvo, al cabo de algún tiempo encontrará que Flamel no hablo frívolamente al decir que la semilla fija contenida en potencia en el plomo, a saber el oro y la plata, se multiplicarían y crecerían tal como el fruto crece en el árbol.»

ALCHIMIE, Eugène Canseliet, París, 1978, página 81.

«Por un procedimiento análogo, por desgracia no rentable debido al tiempo y dinero gastados, que consista sobre todo en mantener en sobrefusión el plomo todo ciertamente dispuesto sobre la corona de un tuvo de gas y que no contenga de ninguna manera la más mínima parte del noble metal, obtuvimos hace más de cuarenta años, por el "grano fijo" desarrollado, aislado después proyectado sobre el mercurio común, un lingote que al peso tenía 100 g de un oro magnífico.»

INTROITUS AD PHILOSOPHORUM LAPIDEN, Solazaref, página 114.

«Un sábado de Febrero de 1982, a las 15h30, delante de cuatro testigos, el Señor Canseliet confirma la validez de nuestra transmutación resultado de un particular de Vigenère sobre el plomo, en oro muy fino. Yo tengo a disposición de mis discípulos las pruebas de nuestras afirmaciones filosóficas y de laboratorio, con la condición de que cumplan con en el marco de las actitudes tradicionales requeridas.

En cuanto a los envidiosos, estos encontrarán en nosotros lo que han podido ya percibir en las primeras páginas del presente tratado. »

Páginas 378 a 381.

Estudiad, con mucha prudencia, la alianza del mercurio con los tres metales más pesados entre los siete. Un quinto a un tercio de parte máxima de fusión es suficiente con añadirle una sal en la décima quinta parte del total en peso. Analizad las escorias y comprenderéis cual es el método para preparar un metal con vistas a incrudarle el Particular.

Vuestro vaso deber ser concebido según el Arte. Su tierra debe de ser de la misma naturaleza que aquella tratada en el Du Nettoyage des Ecuries d'Augias. Deberá ser concebido espeso, testado al fuego violento después cuidadosamente verificado, pues es necesario que ninguna fisura pueda aparecer con el ejercicio.

Tomar la parte de metal, la de mercurio, después la de sal:

Ejemplo: Júpiter 200g
Mercurio 40g
Sal doble 16g

Colocad, primero, el metal reducido a limaduras en un mortero de hierro fundido y añadidle su parte de sal, triturándolos. Introducid lentamente, mezclando todo con firmeza, el peso de mercurio: veréis la sal absorber el líquido. Introducid la mezcla en el huevo filosófico especialmente concebido para ese fin. Llenad con la ayuda de una pequeña varilla de hierro achatada en el extremo. Pulverizad, en el interior la masa de vidrio finamente triturada como fue dicho en Opúsculo citado anteriormente, hasta llegar al ras. Cerrad el huevo y envolved con hilo de acero. Colocadlo dentro de un fuerte crisol, en el cual tendréis del mismo modo, reducido a polvo.

Colocadlo a fuego lento. El rojo no debe de ser alcanzado antes de dos o tres horas. Coced una vez hasta el color amarillo, durante dos horas. Tomad las precauciones de costumbre: una salida de chimenea que no deje escapar nada dentro del laboratorio, una puerta de horno sólida, correctamente cerrada durante la operación. En efecto, la mezcla explota, de una sola vez, cerca de los 500º C, pero es totalmente necesario que esta explosión no sé de fuera. Es necesario que suceda en vaso cerrado, sin dejar escapar su presión, o muy poco. Las condiciones de presión son capitales, debiendo subsistir en caliente.

Veréis que el vidrio funde y poco a poco juntaréis el polvo hasta que la pasta de vidrio cubra todo. Más tarde, una vez cocido, dejaréis enfriar durante toda la noche para deslutarlo con un martillo a la mañana siguiente.

Apenas os quedará recomenzar enseguida la experiencia con pesos y medidas diferentes, una vez que el fenómeno depende mucho de la cualidad de vuestros materiales de partida. En efecto, sabed que de alguna manera pasa lo que siente en el alma y que os dirá mucho sobre la Filosofía. Yo tarde cinco años en encontrar lo que ahora os escribo en pocas líneas y tuve que cocer un buen centenar de huevos.

metal vil: 200  200  200  200  200
mercurio:  20   30     40    50     60
sal double:  primero:   1/15e
                  después:   1/10e 
                  después:   1/10e

Observareis las escorias e sabréis que es el azufre de Geber que mancha y embota los metales.

A la mañana y en los días siguientes, dejad el tránsfugo obtenido dormir continuamente. Si hubiera una tierra espesa que se libera pegajosa, viscosa y de color rojo, es porque la operación no resultó según el Arte. Si nada supura entonces os exhorto a trabajar transmutando por método de Vigenère. Antes de esto, es necesario fundir lentamente la pastilla y dejarla enfriar en el horno, muy dulcemente. Cuando veáis aparecer los primeros cristales, servios inmediatamente, pero de forma hábil, de vuestra cápsula de calcinación y después retirad el excedente no cristalizado: estaréis entonces seguros de que el espíritu metálico se encuentra aprisionado en las mallas de los cristales. Es esta pastilla estrellada la que es necesario trabajar en sobrefusión. No os extrañéis si observáis, durante el enfriamiento del cristal, la aparición de los colores del pavo real. La última debe quedar semejante a un sol, para dar testimonio a esta filiación. Mientras tanto, solamente si el metal se volvió vivo, respira otra vez de nuevo, pues hasta aquí estaba demasiado impuro y adormecido para liberar a su particular.

Sabed que esta vía no es la única. Puede pasar que la providencia os conceda otras luces. Lo esencial es que sospechéis, mis hijos practicantes, el principio de la quintaesencia de la que os he venido hablando. No olvidéis las precauciones como, por ejemplo, el hilo de hierro semejante a una cuerda de piano, de 0,7 a 1mm de diámetro, etc.

La sobrefusión de Vigenère contrariamente a la opinión corriente en algunas publicaciones, se hace a través del poderoso catalizador que conocéis en la vía seca, con sus rayos plateados.

Vuestro vaso debe ser el de la caverna de los antiguos. La divulgación será grande, os exhorto a velar por su no-propagación. Efectivamente, una vez que preparasteis el metal precedente por la arquimia podéis ahora hacerlo pasar por su primera operación filosófica, que proporcionará a su Particular la materia prima de la Piedra en el Arte Breve. Tened en consideración que es el conjunto de las lentejas que os es necesario cocer en un vaso especial, con la cólera de Dios, seguido de un régimen muy especial, en el cual los Veranos se suceden a los Inviernos glaciares hasta que la señal os gratifica con la segunda obra breve. No toquéis nunca el huevo ya que la Madre no lo volvería a querer.

Si observaste a los pájaros satisfacer su sed en las familiares fuentes hechas por las manos del hombre sabréis reconocer vuestro vaso.

No lo ignoréis - y si ese era el caso, que sea llenada esta laguna - la cual es el alto valor de equilibrio de la atmósfera que circunda los cristales. Sabed que la subfusión encuentra toda su fuerza en el control de esta atmósfera: y es ahí, justamente, donde radica todo el dilema. Muchos trabajadores acabarán en este punto, en virtud de su psiquismo horizontal. Ellos no raciocinan sino en términos de " crisol abierto o cerrado ", a fin de controlar esta atmósfera, podemos observar el baño y mantener la cristalización entre el estado líquido y el estado sólido. No quieren sacrificar nada.

Mandad fabricar al ceramista químico esta forma de Athanor en miniatura, dentro del cual vuestro metal cocerá.

Colocad este vaso dentro del Athanor, acompañado de un simple crisol cerrado en el cual fundiréis la pastilla cristalizada. Después de que se vuelva líquido extraed muy hábilmente vuestro vaso especial, inclinadlo e introducid el licor por el único orificio hasta que halláis alcanzado el nivel en que los pájaros satisfacen su sed.

Comenzad entonces la subfusión. Podréis observar a vuestra voluntad la cristalización sin que el baño sufra con esto, pues estará en la atmósfera adecuada, ya que fue ella quien la generó. Sabréis que el pequeño bañista se fija después de que el nivel visible del agua glaciar baje claramente, de una sola vez sin razón aparente. Es entonces necesario pescarlo, operación que no os enseño en este momento.

El punto de cristalización líquido-sólido debe de ser lo más estable posible. Vuestro vaso será, consecuentemente, grueso de manera que su inercia térmica permita esta constante crianza por una relación calórico modulable. Por otro lado, una mufla será lo ideal para uniformizar el ambiente, dentro de vuestro Athanor de gas ( u horno de reverberación a carbón).

Veréis que el régimen baja en función del tiempo. Esto es normal, ya que la recristalización es fuente de calor, como explicamos en el opúsculo. Es en consecuencia, necesario tener cuidado en no obstinaros en conservar vuestro régimen estable. Será conveniente bajar el régimen a medida que se va elaborando, a partir del momento en que la imagen observada permanece la misma.

El período - quiere decirse, la duración de la experiencia - puede variar con relación a la destreza y al estado de vuestra pureza interior, reflejando evidentemente la sutileza con que regenerasteis el metal de partida. Pasadas las 24 horas, será bueno dejarlo sobre el baño visible, espolvoreando una sal especial, de forma que se evite la costra formada. Del mismo modo, aquí su investigación, punto de vista de esta sal, deberá corresponder a la temperatura simulada de un baño idéntico, por el cual elaborasteis antes la mezcla de sales en que "eutectique" se sitúa entre 450º C y 550º C, sin volatilización rápida. La sal tartari será evidentemente la menos volátil, con lo cual, por porciones, intentaréis equilibrar la relación de uno o dos de los otros acólitos. Tened cuidado con esta sal, que no tiene la función de fundente, de que no transmita al baño su parte de calor interno y no venga a perturbar la cristalización. En efecto, pensad más en esmalte que en sal, en el cual el bórax puede entrar en su forma hidratada posible, pero natural. Coincido con la facilidad operatoria; los antiguos utilizaban ciertos excrementos de animales.

Os aconsejo producir vuestro bórax: por el agua de las marismas, que es la mejor turba ya que contiene en gran cantidad sulfato de amonio, vitriolo de marte y yeso. Es necesario esperar durante un período del año a que las aguas estén cubiertas de una eflorescencia salina parecida al brillo de la luciérnaga. Deberéis con la ayuda de una pluma, hacer una provisión de esa eflorescencia, que calcinareis en un crisol de metal. Deberéis extraer la sal como en toda manipulación espagírica, para mezclarla (posiblemente siguiendo sus diversas cualidades) con la piedra de sílice en polvo, con la sal del tonel u otra. Además de esto, lo que os transmito también es que deberéis volver a cristalizarlo hasta que pierda su olor. Las partes a disolver en el agua son aproximadamente de veinticinco veces en peso, en frío, en cuanto que en crepitación basta con una cantidad del triple. Es preciso, además de esto, que sea soluble en un espíritu de vino.

Prestad gran atención a este ácido fijo, pues aunque sea uno de los más débiles a la temperatura de los hombres, sobrepasa a la mayoría de los otros al rojo.

A pesar de todo, antes de utilizarlo, después de cristalizarlo, aplicaréis un calor dulce para retirarle su agua, hasta que florezca completamente. Seguidamente, deberéis encerrarlo en un vaso cerrado.

Se combina con las bases salificables en tan gran número de proporción que no puede ignorarse. Además, en nuestra santa Medicina sabed que su preparación filosófica constituye un poderoso sedante.

FIN