El ROCÍO
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Con la venida de la Primavera vuelve la ocasión propicia para recoger el rocío. Esta vez decidimos recogerlo tal como se ve en la Cuarta Plancha del Mutus Liber, por medio de sábanas blancas de algodón estiradas y sujetas gracias a estacas de madera clavadas en el suelo.

En la tarde del día 1 de Abril de 1999, a las 19.00h clavamos seis estacas de madera de 50 cm en el suelo de nuestro jardín en un local descubierto sin arboles, sobresaliendo estas del suelo solo 25 cm. Las dos sábanas medían 1,40 x 2,50 m y fueron sujetadas con un pedazo de cuerda fina en cada punta de las estacas como podréis ver en la imagen que se adjunta.

La noche se aproximaba tranquila sin viento ni nubes y la Luna ya se encontraba en los primeros días del cuarto menguante pero brillaba en el horizonte nocturno con el cielo estrellado. Era una noche ideal para la recolección del rocío.

Próximo de la media noche fuimos verificar el "material". Las sábanas estaban ligeramente húmedas y encorvadas y tuvimos de estirarlas nuevamente y, por precaución, colocar unos cartones por debajo para evitar que tocasen el suelo y se ensuciasen.

Aprovechamos la ocasión para limpiar con un paño de algodón bien limpio el tejadillo y los vidrios de automóvil que ya tenían alguna condensación.

Nos levantamos mi esposa y yo a las 05.30 h y fuimos a recoger las sabanas liberándolas de las estacas ayudados solamente por la escasa luz de la luminaria publica. Levamos las sabanas al interior de la casa y con esa débil luz doblamos las sabanas en cuatro e intentamos, exprimiéndolas, recoger el fruto de nuestra recolecta nocturna en una palangana de hierro esmaltado.

No salió ni una gota de rocío aunque las sábanas estuviesen mojadas. Las desdoblamos y volvimos a doblarlas nuevamente pero esta vez en a lo largo. Exprimiéndolas por pequeñas secciones, cada uno torciendo en el sentido inverso. Sentimos entonces escurrir algún rocío hacia la palangana. Recomenzamos de nuevo y así continuamos hasta el final, haciendo lo mismo con la otra sabana.

Volcamos el rocío recogido en la palangana dentro de una pequeña botella de vidrio obscuro de 300 ml previamente lavada con agua de naciente. Colocamos la botella dentro de un saco de plástico bien prieto("cerrado").

Por una cuestión de curiosidad, limpiamos el tejadillo del automóvil y los vidrios con el mismo paño de algodón aún húmedo. Exprimiéndolo después en la palangana, para introducir el rocío después en otra botella de 300 ml que cerramos también dentro del mismo saco del plástico prieto.

Una vez en casa, observamos que aquel rocío recogido por las sábanas estaba turbio. El que recogemos en el tejadillo y en los vidrio del automóvil estaba sucio, debido al polvo.

Nos quedamos completamente desilusionados con el sistema pues el rocío recogido en las sábanas no pasó los 300 ml. Las sábanas quedaron aún húmedas pero no nos fue posible recoger mas nada. Para humedecer las sabanas seria necesario mas de un litro de agua, por eso, el total de liquido recogido sería por lo menos 1,5 litros del cual nosotros solamente pudimos recoger 300 ml. El rocío recogido en el automóvil fue aproximadamente la misma cantidad.

El rocío turbio quizá se deba al factor de las sábanas no habían sido lavadas previamente con agua de naciente debido a que quisimos hacer la experiencia con sábanas completamente secas.

En estas condiciones y con tan poca cantidad de rocío turbio no pudimos evaporarlo para ver si conseguíamos alguna sal. Probamos el rocío recogido y verificamos que era un liquido insípido y inodoro.

La siguiente vez, esto es, en el siguiente cuarto creciente hasta la luna llena haríamos una nueva experiencia pero lavando previamente las sábanas con agua de naciente para ver si conseguíamos más cantidad y que fuese limpio para intentar extraer alguna sal por evaporación lenta.

Hicimos posteriormente una nueva recoja con el mismo proceso, pero esta vez lavando previamente las sábanas con agua de naciente y colocándolas aún húmedas. El resultado fue más alentador. Recogimos 1 litro de rocío, también turbio, pese a que las sabanas habían sido lavados con agua de naciente. El origen de la polución era, evidentemente, de tipo atmosférico.

Conclusión: la Cuarta Plancha del Mutus Liber es, cuando menos, falaz y nos da la impresión de que quien la dibujó o la encargó nunca recogió el rocío por ese proceso. Quién verificar la referida Plancha piensa que puede recoger litros de rocío tal como se puede observar por el detalle del líquido que escurre de la sábana que la pareja está estrujando.

Siguiendo con las referencias al rocío, veamos los comentarios que Eugène Canseliet hace a la Quinta Clave de Basilio Valentín en Les Douze Clefs de la Philosophie, Les Editions de Minuit, pagina 140 y 141:

«El espíritu universal desciende de los espacios celestes en la Primavera y vuelve en Otoño.

Este movimiento circular de descenso y ascenso determina un ciclo anual y regular en el cual el espíritu representa el papel de mediador entre el cielo y la tierra.

Él es mas abundante en la época de la germinación que en principio del Verano y manifesta su actividad mas en la noche que en el día.

La radiación solar lo disipa, el calor lo volatiliza, las nubes lo interceptan, el viento lo dispersa y le impide fijarse. Las radiaciones lunares, al contrario, lo favorecen y lo exaltan.

En la superficie de la tierra, el se une al agua pura del rocío que le sirve de vehículo para el reino vegetal y forma con él una sal dotada de una acidez particular.

En la destilación lenta al abrigo de la luz, se puede recoger en cristales minúsculos, verdes, muy refringentes y que poseen una cierta analogía cualitativa con el nitro ordinario.

Es por eso que el Cosmopolita que lo conoce muy bien, le impone en sus tratados el nombre de "salpête" filosófico con el doble sentido de nitro y de sal de piedra (Sapetrae).

La incorporación del espíritu, su infiltración a través de la textura mas o menos mole de los minerales no implican la necesidad de una disolución previa ni de su transporte en un vehículo acuoso. Al contrario, es directamente tal como él nos llegan de los espacios celestes - bajo la forma de vibración obscura o de energía invisible – como puede unirse a los metales mineralizados.

Esto demuestra el error de ciertos alquimistas que, no comprendiendo el modo de acción, someten el rocío de Mayo - extrayendo la mayor parte de las veces del nostoc - metales dividiéndolos, precipitándolos y reduciéndolos a polvo impalpable.

El fluido universal, a pesar de su gran sutileza no sabría penetrar los cuerpos metálicos, inicialmente porque está ya corporificado él mismo en el rocío, además de que la densidad e inercia de los metales reducidos por la industria humana constituyen otros tantos obstáculos a su introducción.

Si se quiere conseguir su animación es indispensable mantenerlos en perfecta fusión conforme se indica en esta imagen de la quinta clave, donde aparece el personaje con el rostro en llamas e proveído de un fuelle.»

Rubellus Petrinus