
HERMES DESLEVADO
El texto de esta magnifica obra "Hermes Devoillé", Dedié à la Postérité, París, Imprimerie de Félix Locquin, 16, Rue Notre-Dame-Des-Victoires, París, 1832, siempre nos fascinó por la dificultad de la interpretación de su simbolismo lo que en sí para cualquier alquimista constituye un desafío.
Pese haberlo leído varias veces hasta la Primera Operación (Confección del Azote o el mercurio de los filósofos) no hemos conseguido hasta hoy levantar el velo de la alegoría.
En la primera parte el simbolismo nos parece muy fácil de interpretar. Esta vía, en nuestra opinión, en la primera parte es hecha por la vía seca y en la última, la más difícil, por la vía húmeda.
El autor se ha servido de una bella alegoría para describir la primera operación donde hace ciertas consideraciones que nosotros definiríamos como actuales.
Ya referimos en el escrito "Seguir la Naturaleza" qué fuerzas sutiles de la Naturaleza es necesario conocer para saber como aplicarlas en la Gran Obra.
No es fácil para un alquimista entender como aplicar estas fuerzas sutiles. En este pequeño pero bello tratado el autor refiere estas fuerzas sutiles sin el conocimiento de las cuales os será totalmente imposible entender toda la obra, principalmente en su parte mas importante, que es lo referente a la vía húmeda.
Pero pasemos al texto en sus partes más esenciales. La Ninfa que aparece en sueños a nuestro alquimista le dice:
«Me has dicho estar instruido en química, mira qué medio pueden ofrecerte tus conocimientos tan sólo para abrir la cerradura de la puerta de este templo, a fin de penetrar en él hasta el santuario.»
«Antes de dejarte quiero hacerte observar también, que no puedes combatir al dragón que defiende interiormente la entrada de este templo, más que con esta lanza, que es preciso que hagas enrojecer con la ayuda del fuego vulgar, a fin de atravesar el cuerpo del monstruo que debes combatir, y penetrar hasta su corazón: dragón que ha sido bien descripto por los antiguos, y del que han hablado tanto.»
«Piensa en el rocío de mayo, él se vuelve indispensable como vehículo, y como siendo el principio de todas las cosas.»
«En fin, yo me decidí al combate. Habiendo reunido ramas de madera seca desparramadas sobre el lugar en el que me encontraba, las prendí fuego con la ayuda de una lente que encontré llevar sobre mí, e hizo enrojecer mi lanza casi al blanco.
Durante esta operación busqué el medio que pudiera destruir mejor la cerradura de la puerta del templo .Me apercibí de que la ninfa había deslizado en mi bolsillo, sin que yo me percibiese de ello, un tarro tapado, lleno con la sustancia que me era necesaria.
Determinado a vencer o a morir, así con furor mi lanza en una mano y la sustancia en la otra, y puse de esta última, sobre la cerradura, la cantidad necesaria. esta desapareció enteramente en poco de tiempo, y los dos batientes de la puerta del templo se abrieron con estrépito. Apercibí un espantoso dragón, que tenía un enorme dardo de tres puntas, que buscaba lanzarme su mortal resuello. Me abalancé sobre él gritando:
Cuando se ha perdido todo, y ya no se tiene esperanza, La vida es un aprobio y la muerte un deber.
El abrió sus fauces para devorarme, y yo le hundí mi lanza adentro, con tanta fuerza, que penetré hasta las entrañas, y le desgarré el corazón; a fin de que él no pudiera alcanzarme, hacía al mismo tiempo rudos esfuerzos con mi lanza para desviar la dirección de su cabeza. El monstruo se replegó sobre sí mismo en diversas ocasiones, vomitó oleadas de sangre, y cesó de existir.»
«Vi entonces dos soberbios vasos de cristal reposando cada uno sobre un pedestal del más bello mármol de Carrara. Uno de estos vasos era en forma de urna, rematada por una corona de oro con 4 florones; encima estaba escrito en letras grabadas: Materia que contiene las dos naturalezas metálicas. El otro vaso de cristal era un gran tarro tapado al esmeril, de un fuerte espesor; estaba grabado encima igualmente lo que sigue: Espíritu astral o espíritu ardiente que es una deyección de la estrella polar. Este vaso estaba rematado por una corona de plata ornada de nueve estrellas brillantes.»
«Mis fuerzas y mi coraje comenzaban a abatirse: creí que debía obedecer a las órdenes de la ninfa. apercibí al lado de los dos vasos sagrados, diversos tarros vacíos, bien limpios, en cristal, tapados al esmeril. Tomé dos de ellos, abrí con precipitación el primero en forma de urna, que contenía la materia andrógina y las dos naturalezas metálicas, y llené con ella mi vaso. Habiéndolo tapado tras haber cerrado la urna de cristal, abrí el vaso segundo y más grande , y vertí, temblando, en mi segundo tarro, de la sustancia que contenía: yo no tenía embudo, el tiempo se me hacía largo, mis fuerzas se desvanecían, cerré bien presto el vaso grande, y el mío con su tapón de cristal, y salí con apresuramiento del templo. Al pasar cerca del monstruo al que había vencido, vi que no quedaba de él más que sus despojos mortales y de ningún valor.»
«Uno de tus tarros contiene más cantidad de materia andrógina de la que te hace falta, pero no has tomado bastante espíritu astral, necesitas más, y como dice Arnaldo de Vilanova, se requiere abundancia de agua, de espíritu destilado »
«Considera bien los trabajos de la naturaleza. Ella ha formado los metales en el seno de la tierra, pero se requiere una cosa más, su quintaesencia. Mira de dónde saca ella la quintaesencia de las cosas. No es más que en la superficie de la tierra, en los reinos que viven o vegetan: sigue pues la naturaleza paso a paso. Considera también cómo opera ella en el reino vegetal, pues no es un mineral lo que quieres hacer.»
«Poco tiempo después, me puse a recomenzar mi obra, y con la ayuda de los trabajos de Hércules, me procuré la materia que contiene las dos naturalezas metálicas, así como el espíritu astral »
PRIMERA OPERACIÓN
Confección del Azote y do Mercurios de los Filósofos
«Tomé la materia que contenía las dos naturalezas metálicas; comencé por imbibirla con el Espíritu astral poco a poco, a fin de despertar los dos fuegos interiores que estaban como extinguidos, desecando ligeramente y moliendo circularmente todo a un calor de sol; después, reiterando así y humedeciendo frecuentemente cada vez más, desecando y moliendo hasta que la materia haya tomado el aspecto de una papilla ligeramente espesa. Entonces vertí encima una nueva cantidad de espíritu astral de manera que sobrenadase a la materia, y dejé todo así durante cinco días, al cabo de los cuales decanté diestramente el líquido o la disolución, que conservé en un lugar frío; después desequé directamente al calor solar la materia que quedaba en el vaso de vidrio, que tenía alrededor de tres dedos de altura, imbibí, molí, desequé y disolví como había hecho anteriormente, y reiteré así hasta haber disuelto todo lo que era susceptible de serlo, habiendo tenido cuidado de verter cada disolución en el mismo vaso bien tapado, que puse durante diez días en el lugar más frío que pude encontrar. Transcurridos estos diez días, puse la disolución total a fermentar en un pelicano durante cuarenta días, al cabo de los cuales se precipitó, por el efecto del calor interno de la fermentación, una materia negra.»
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Para un alquimista experto el simbolismo de la lucha del dragón atravesado con la lanza enrojecida es fácil de entender. Así, la primera parte de esta obra empieza por la vía seca o, para ser mas claro, por la obtención del regulo marcial. ¿Porqué?
La lucha entre Cyliani y el dragón, cuando atraviesa con la lanza enrojecida al blanco simboliza la Separación en la vía seca del antimonio. Efectivamente, en la vía seca del antimonio, Marte tendrá que estar enrojecido al blanco antes de ser lanzada en el crisol la mezcla del sujeto mineral con las sales fundentes.
Después de muerto el dragón, Cyliani refiere haber visto en el interior del templo, sobre dos columnas de mármol, una urna conteniendo las dos naturalezas metálicas y otro recipiente con espíritu astral los cuales él recogerá apresuradamente, uno en un frasco de boca ancha y otro en un frasco con tapa esmerilada del cual no llegará a guardar la cantidad suficiente por no tener un embudo.
No hay duda que si nosotros analizáramos alquímicamente la materia andrógina, o lo que es lo mismo, el regulo marcial, contendría efectivamente las dos naturalezas metálicas, a saber, el antimonio y el hierro.
Cyliani después de haber matado al dragón sale del templo y, pasando a su lado, verifica que no hay más despojos mortales de valor. Quiere decir que el caput proveniente de la Separación no tiene utilidad en esta obra, pues si la tuviese, también lo habría recogido.
Veremos mas adelante en la continuación de la obra que el azufre no proviene del hierro, sino del oro extraído por el mismo mercurio filosófico.
Si el autor es muy claro en lo que se refiere a la materia andrógina ya no lo será tanto en lo que concierne al espíritu astral. Menciona simbólicamente el rocío de Mayo como vehículo del espíritu astral y después cita a Arnaldo de Vilanueva acerca de la destilación del espíritu.
Un alquimista experto sabe perfectamente que el rocío no tiene ninguna acción disolvente sobre el regulo marcial, por lo que lo anterior debe ser interpretado únicamente como el simbolismo de una destilación.
Leímos a Arnaldo de Vilanueva en "Le Chemin Du Chemin" (Arché Milano, 1974), pero no conseguimos descifrar la procedencia del agua disolvente a la que se refiere.
El autor es ambiguo y, como sucede con muchos escritos de la época que también son obscuros, no se consigue "sacar" nada de ellos.
Por la descripción de Cyliani en la "Preparación del Mercurio Filosófico", él embebe de espíritu astral la materia que contiene las dos naturalezas metálicas, lo realiza poco a poco conforme ella va absorbiendo, desecando después al calor del sol hasta tomar la forma de una pasta mole.
No hay dudas de que el espíritu astral debe ser un disolvente que actúa lentamente sobre el regulo marcial reduciéndolo a polvo muy fino y disolviéndolo.
Sabemos que uno de los disolventes del regulo marcial es el agua regia pero no nos parece que este sea el caso presente.
El disolvente actúa lentamente disolviendo la materia. Recogerá el liquido que contiene la materia en disolución hasta no quedar nada más que disolver. Es pues, este liquido que contiene la materia en disolución, el que fermentará precipitándose en una materia negra. Después recoge, mediante destilación sin fuego, el precioso liquido que sobrenada la materia, y que contiene su fuego interior, para guardarlo posteriormente en un frasco bien cerrado con tapa esmerilada.
Recoge la materia y la hace desecar al calor del sol reiterando las imbibiciones con el espíritu astral, etc.
No es fácil en absoluto saber cual es el disolvente de la materia ya que el autor no da los elementos necesarios para identificarlo, o tal vez es que nosotros no lo hemos conseguido interpretar.
Pese a hacer la siguiente observación, que en sí es de gran interés no nos será útil a este respecto.
«No olvidéis también que la disolución misteriosa de la materia, o el casamiento mágico de Venus con Marte, es hecha en el templo del que yo os hablé precedentemente, en una bella noche, el cielo calmo y sin nubes, y el sol estando en el signo de los Gemelos, la luna estando en su primer cuarto al su plenilunio, con la ayuda del imán que atrae es espíritu astral del cielo, lo cual es siete veces rectificado hasta que el pueda calcinar el oro.»
El autor describe minuciosamente las diversas operaciones subsecuentes de la obra hasta final pero no se adelantará nada si se continúa sin saber previamente en qué consiste el disolvente de la materia y que él denomina como espíritu astral.
Rubellus Petrinus