LAS DOCE CLAVES DE BASILIO VALENTÍN


(Tercera Clave)

En el centro de la figura se ve un dragón alado con la cola retorcida. Una zorra, algo más arriba, come un ave. Sobre la zorra se posa un gallo que le está picando el cuello.

Comentario de Eugène Canseliet a la tercera clave:

«El dragón es el origen de las dos naturalezas, acuosa e ígnea, y es la base del combate al que ellas se entregan, esta precisamente es la razón por la que él mismo ocupa todo el primer plano de esta composición. Del dragón nace directamente la zorra escogida por Basilio Valentín, en una analogía física que subraya, en nuestra opinión, este curioso hecho de que el nombre del astuto cuadrúpedo sea del genero femenino en todas las lenguas arianas.»

El texto de la tercera clave tiene como parte más importante, lo siguiente:

«Por otro lado, en este designio, ningún triunfo puede ser alcanzado si el Rey no hubiere adjuntado a su agua su naturaleza enérgica y su fuerza y le haya abandonado la llave de su propio color, a tal punto que sea destruido por ella y se vuelva invisible; por este cambio, él debe volver a su forma invisible, no obstante, con disminución de su esencia natural e perfeccionamiento de su cuerpo…

Esta es la rosa de nuestros Maestros, de color púrpura, la sangre roja del dragón descrito por muchos artistas..»

Veamos, entonces el texto de la Tercera Clave, tal como está descrito en Le Dernier Testament, pagina 219:

«Tercera Clave. Toma, entonces una parte de buen espíritu de nitro, y tres partes de espíritu de sal común; echa estos dos espíritus juntos en una cucúrbita un poco caliente, sobre el polvo de oro descrito arriba, después, ponle un capitel y el rematero bien sellados, como debe ser; después teniendo mecido y agitado diversas veces tu oro, como anteriormente fue echo en la arena y repitiendo la destilación cuanto más mejor, tu verás que el oro se vuelve, poco a poco, más volátil y que finalmente, destilará y ascenderá hacia arriba. Porque, por una repetición y destilación de todo tu oro, la solidez y fijeza de su cuerpo se desliga y divide en todos sus miembros, los cuales son de este modo deshechos uno con el otro y restituidos, tan abiertos que el oro así atenuado deja enseguida, ir su alma a un juez particular…

Pero observa que, después de que este trabajo esté terminado, es necesario que separes, con cuidado constante tu oro, el cual destiló todos los espíritus salinos, por destilación al baño maría, lo mas suavemente que te sea posible, a fin de que no destile nada del color del oro y de que no tenga mas perdida. Después, con prudencia y juicio toma tu oro o los cristales del oro donde separaste el agua y ponlos sobre una pequeña escudilla de barro propia para reverbar, ponla en el fuego y, dale primeramente, un fuego lento y moderado durante una hora hasta que todo lo que hay de corrosivo sea separado completamente, y entonces tendrás un polvo de oro de un bello color escarlata, tan sutil y bello que es maravilloso a la vista.

Pon en un matraz limpio este polvo de oro y échale en cima el espíritu reciente de la sal común, el cual, anteriormente, haya sido reducido suavemente, siguiendo el orden en la cual te he instruido en mis toques de mano. Cierra el matraz y ponlo en calor moderado, porque, así, el espíritu adulzado de la sal no puede ya disolver y romper el polvo del oro como había hecho antes, tanto mas que su corrosividad y acritud le fue reducida por el espíritu de vino que le dio esta gran dulzura.

Deja el matraz en este calor no violento, hasta que el espíritu de la sal sea teñido del color de un soberano grado, bella, trasparente y bermeja como rubíes.

Retira dulcemente, por inclinación, el espíritu teñido e ponlo otra vez sobre tu oro tantas veces que el espíritu necesite para no teñirse más.

Después, pon en un alambique todo el espíritu teñido y separa toda la humedad al baño maría con calor moderado y en el fondo del alambique se te volverá el azufre del oro un polvo, bello, delicado y sutil, de gran mérito y valor, que es una materia con la cual se puede, por medio de un rápido y corto procedimiento, teñir la plata en su más alta perfección…»

¿Qué se puede entender, entonces, qué es lo que el Maestro nos dice en estas tres claves?

En la primera, él enseña a purificar el oro o Sol por medio del antimonio; en la segunda, la preparación de un agua regia para el baño del Rey, con vistas a su disolución y, en la tercera, la extracción del Azufre alquímico del oro.

Si has reparado bien en el texto de la tercera clave, sabrás que el Maestro recomienda disolver el oro en un agua regia compuesta de tres partes de espíritu de la sal y una parte de espíritu de nitro. Curiosamente, aunque han pasado algunos cientos de años, aún hoy este agua es hecha de la misma manera!

En esta clave, la representación pictórica coincide en parte con la descripción del texto porque el azufre del oro, antes de su fijación, era volátil, por haber pasado por el cuerno y el pico del alambique con el respectivo agua. Así, el Dragón alado puede representar el volátil y el fijo aunque, en nuestra opinión, esta no sería la mejor manera para mostrar su representación simbólica. La que nos parece mas adecuada y tratándose del Rey, sería la representada por dos leones uno amarillo volátil y el otro púrpura, representando el Azufre del oro.

Para la preparación de la Piedra Filosofal son necesarios tres principios básicos, Azufre, Mercurio y la Sal.

En estas circunstancias, estos tres principios tendrían que ser extraídos del Vitriolo del oro (tricloruro aurico) y el costo del noble metal, también en aquel tiempo, era elevado.

Por eso, el Maestro dice en Le Dernier Testament:

«Y así no se puede de todo encontrar ninguna humedad en el oro que sea acuosa, si esto no ha sido reducido en vitriolo, pero esto sería un trabajo inútil, de gasto inagotable.»

«Pero yo exhorto a discípulos míos, ya que la naturaleza les ha dejado un camino más corto, a guardarlo y seguirlo ahora. recelando de que ellos no se precipiten en una extrema pobreza si se divierten a extraer el mercurio del oro, cuando el habría sido reducido en la destrucción y ruina de sí mismo lo que no fue practicado por los antiguos, ya que esto es contranatural.»

Es evidente que este proceso es contranatural, como el Maestro caritativamente afirma, por lo que terminará aquí la explicación del texto de las Doce Claves de la Filosofía, para seguidamente señalaros el camino hacia la extracción de los tres principios a partir del vitriolo romano.

«Pero observa, sobretodo, que este espíritu mineral se encuentra en otros metales, aunque todavía, se encuentre paralelamente e incomparablemente siendo mas eficaz en el espíritu de un cierto mineral, donde puede ser extraído y preparado con mucho menos trabajo y despilfarro…»

«Y, por lo tanto, el astro del oro no se encuentra solamente en el oro, de manera que solamente por la adición del espíritu de mercurio y del azufre áureo, la piedra filosofal pueda ser hecha…»

«Para que ahora cumpla lo que falta de mi promesa y cuente mas de lo que ha sido dicho y se contiene en mis doce claves, debes saber que ninguno filósofo está enteramente obligado a trabajar con el metal del oro…»

«Ahora, en este momento, es necesario que aprendas que tal alma o azufre áureo, tal sal y espíritu se encuentra mas fuerte y virtuoso en Marte y Venus y, así como, en el vitriolo, como también Marte y Venus se pueden reconducir como por retrogradación en vitriolo muy virtuoso y eficaz, en dicho vitriolo metálico se encuentran ahora bajo un cielo los tres principios, a saber el mercurio, el azufre y la sal y, de cada uno de ellos se puede particularmente sacar y obtener con poco trabajo y tiempo, como podrás comprender. Ya te he referido en el presente una sucinta explicación de un vitriolo mineral que se encuentra en la Hungría, bellísimo y de alto grado.»

Basilio Valentín nos remite a un vitriolo canónico natural de Marte y Venus, existente en Hungría, el cual también se puede encontrar, con relativa facilidad, en nuestro país (Portugal), en los pequeños lagos, junto de las minas de pirita y de calcopirita. En este vitriolo natural, se encuentran estos tres principios.

«Todavía no ha sido concedida una dignidad tal a ninguno otro metal o mineral tan ventajosamente como la del Vitriolo que es la piedra de los filósofos del cual han sido hechas tantas menciones…Es por eso que los antiguos tuvieron este mineral escondido hasta el último punto y lo ocultaron a sus propios hijos, lo que hicieron con mucha precaución.»

«Porque el mejor que se mostró como más probable y adecuado por mi experiencia, es aquél que se extrajo y recoge en Hungría, el cual tiene un gran color, en nada diferente al de un hermoso color azul zafiro y tiene poco de humedad en sí y poco de cantidad mineral nociva…»

«Un cierto vitriolo así altamente graduado en color, se encuentra en los mismo lugares y sitios en donde el oro, el cobre y el hierro crecen…»

De esta manera Basilio Valentín, en Le Dernier Testament, abandona la descripción de las restantes claves porque, ya que, según su entender, era un trabajo contranatural porque esta vía puede ser hecha con ventaja por medio del vitriolo en donde él describe en lenguaje claro el respectivo modus operandi.

Aún resta un problema por resolver: ¿Por qué razón las Figuras de las Claves no están de acuerdo simbólicamente con el texto? Esta cuestión, que fue un gran misterio, fue para nosotros durante años motivo de reflexión, y únicamente hace bien poco tiempo hemos conseguido confirmar lo que, desde hace ya tiempo, pensábamos:

McLean Web Site: http://www.levity.com/alchemy_12keys.htm

12 Keys of Basil Valentine

Este tratado fue publicado primero en Ein kurtz summarischer Tractat, von dem grossen Stein des Uralten…, Eisleben, 1599 sin ilustraciones y nuevamente en Leipzing en 1602 con algunos grabados, probablemente realizados en cobre, de las Doce Claves.

Resumiendo: el primer tratado fue editado sin figuras y estas le fueran añadidas posteriormente. El autor, o autores, o quien encomendara el trabajo no supo interpretar correctamente el texto de las Doce Claves, razón por la cual el simbolismo pictórico de las dichas figuras no coinciden con la descripción del texto.

Por eso, para nosotros, no tiene sentido comentar las figuras que, como os demostré, no representan aquello que está descrito en el texto. Además, Basilio Valentín, por las razones invocadas, deja la vía del oro para seguir la vía del Vitriolo.

Rubellus Petrinus