LA DOCES CLAVES DE BASILE VALENTÍN

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Duodecima Clave

«Cuando un espadachín no sabe servirse de su espada, ésta no le es útil, ya que no ha aprendido exactamente la practica. Incapaz, él puede ser derrotado por otro que sea mas experto en el manejo de la espada y le provoque al combate. Pero aquél que domina convenientemente el Magisterio de la práctica posee el premio de la victoria.»

Así, aquél que obtenga una cierta tintura por la Gracia de Dios Todo Poderoso y que no la sabe utilizar, por esa misma razón, le ocurrirá como al espadachín que no sabe de qué modo debe servirse de su espada. Pero ya que en esta duodécima y ultima de mis claves yo no presentaré nueva alegoría o discurso figurado, para la explicación de mí libro, sino que, con un mínimo rodeo, enseñaré esta clave del progreso verdadero y muy perfecto de la tintura y, con esta finalidad, manténte atento a mi doctrina a fin de que tú la sigas.

Cuando la Medicina y la Piedra de todos los Sabios sea hecha y perfectamente preparada de la verdadera leche de la Virgen, toma de ella una parte, después del excelente y muy puro oro, fundido, purgado por el antimonio y reducido en laminas tan delgadas como sea posible, tres partes. Ponlas juntas en un crisol común que sirve para fundir los metales. Dale al principio un fuego lento durante doce horas, después tenlo en fusión, continuamente, durante tres días y tres noches. En este momento el oro purgado y la Piedra se harán pura Medicina, de propiedad muy sutil, espiritual y penetrante. Porque, sin el fermento del oro, la Piedra no puede operar o mostrar su fuerza de teñir. En efecto, ella es extremadamente sutil y penetrante, pero si, con su fermento semejante, ella fuera fermentada y conjuntada, entonces la tintura preparada ha recibido el poder de entrar y de operar en todos los otros cuerpos. Toma en seguida una parte del fermento preparado por mil partes del metal fundido que tu quieras teñir, entonces debes saber, por verdad y fe soberana, que solo este metal será trasmutado en buen oro fijo. Porque un cuerpo toma un otro cuerpo; aunque no le sea semejante, no obstante, por su fuerza y por su potencia esenciales, él es forzado a ser asimilado, porque el semejante atrae su origen del semejante.

Todo aquél que emplea este medio obtendrá toda la certidumbre, y las entradas del palacio tienen al final su salida; no obstante, esta sutileza no debe ser comparada a ninguna creación. Porque ella tendrá todas las cosas en todas las cosas porque, ya que de manera y origen naturales, ellas pueden nacer bajo el sol en este mundo.

Y que en el medio seas fielmente encomendado; entonces Dios el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo te concedan todo aquello que has deseado para el espíritu, el alma y el cuerpo.»

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Se leéis atentamente el texto, escrito deliberadamente en lenguaje claro por el Maestro, verificaréis que esta clave describe la ultima operación, o sea, primero la fermentación de la medicina con el oro común en laminas muy finas y después la trasmutación.

«Ponlas juntas en un crisol común que sirve para fundir los metales. Dale al principio un fuego lento durante doce horas, después tenlo en fusión, continuamente, durante tres días y tres noches.»

«Toma en seguida una parte del fermento preparado por mil partes del metal fundido que tu quieras teñir, entonces debes saber, por verdad y fe soberana, que solo este metal será trasmutado en bueno oro fijo.»

Comparando la alegoría de la imagen que, en un principio, nosotros interpretamos por un grabado en madera "woodcut" pero que no resulto ser tal ya que, como podréis ver en la imagen firmada por "J. Gobile. C.", sería imposible que tuviere su factura realizada en madera.

Otra cosa muy interesante en relación a las figuras del libro traducido y comentado por Canseliet es que las figuras fueran grabadas en el sentido inverso.

Pensamos que podría haber sido un error de impresión. Sin embargo, el hecho de que la firma estuviese bien legible y escrita con normalidad de izquierda a derecha, nos inclino a pensar que no era así.

Analicemos entonces la imagen en relación con el texto. La principal figura en el centro de la imagen es un personaje (alquimista) empuñando en una de sus manos una tenaza como aquella que se usa para sacar los crisoles del horno.

Vemos en un estante diversos crisoles y una escudilla. Por la ventana abierta se ve la Luna y el Sol y, dispuestos sobre el banco, se ven diversos enseres entre los cuales hay una balanza. El alquimista toca con su mano izquierda un crisol que contiene dos flores, sobre las cuales se sitúa el símbolo espagírico del mercurio.

Del lado izquierdo de la imagen se ve un león comiendo una serpiente.

La sismología no nos parece adecuada para el fin que ha sido realizado: la fermentación de la piedra con el oro y la trasmutación.

Dijimos ya en la explicación de la Tercera Clave que el libro de las Doce Claves inicialmente fue publicado sin imágenes, las cuales serían posteriormente añadidas por alguien que las encargó, en este caso a un tal J.Gobille. C. El encargo lo realizaría de acuerdo con su particular interpretación del texto y, por esa razón, su sismología no llega a coincidir con el texto.

Encima de una tarima se ve un horno hecho de una sola pieza y reforzado con cintas de hierro, como antiguamente de hacía, teniendo una apertura para la ventilación en la parte inferior. Esta figura en ocasiones fue confundida con un barril, confusión en la que caería el mismo Fulcanelli, razón por la cual, en su libro Mansões Filosofais, Edições 70, Lisboa, en la pagina 126 dirá:

«Pero, como quiera que el tonel es hecho de madera de roble, también el vaso debe ser de madera de roble viejo, redondeado por dentro, como lo es un hemisferio, cuyos bordes serán espesos e cuadrados; faltándole un barril para cubrirlo. Casi todos los Filósofos hablaran de ese vaso absolutamente necesario para esta operación…»

«Existe una figura en el libro de las Doce Claves que representa esa misma operación y el vaso donde ella se hace, de donde sale una gran humareda que señala la fermentación y ebullición de ese agua; y ese humo termina en una ventana, donde se ve el cielo, en la cual están pintados el sol e la luna, que marcan la origen de ese agua y las virtudes que él contiene. Es nuestro vinagre mercurial que desciende del cielo a la tierra y se eleva de la tierra hacía al cielo.»

Este “pretendido” barril, como vimos, solo puede ser un horno donde se ejecuta la vía seca. El dibujo del grabado se puede confundir con un barril, pero en un barril no se puede fundir dentro de un crisol un metal como el oro y mantener la fusión durante tres días y tres noches como el texto describe.

¡Parece que hasta Fulcanelli tuvo sus fallos!

Rubellus Petrinus