¿Qué busca un Alquimista?
En nuestra biografía ya describimos todo él camino que hemos recorrido en la alquimia hasta al presente. Quedaran, entretanto, muchas cosas por decir que no encuentran contexto apropiado en una biografía, tales como la razón de ser de un alquimista moderno y el objeto de su búsqueda. Muchas personas, por no decir la mayoría, piensan que un alquimista es un "fabricante de oro" (si es que alguna vez consigue llevar a término tal objetivo) como hicieron nuestros grandes Maestros con la llamada Piedra filosofal por transmutación directa sobre el mercurio o el plomo, tal como lo atestiguan y afirman en sus tratados.
Y son estos relatos, a nuestro entender tan sinceros, los que nos motivan a proseguir sin desfallecimiento el estudio y la práctica de la alquimia con vista a lograr los mismos objetivos -no solamente la transmutación-, ya que esta es solamente la "prueba probada" de la verdadera Medicina universal, que es la razón más importante, como adelante veremos, de nuestra búsqueda.
Por eso, lo que nosotros buscamos, no es pues una eventual transmutación del mercurio o del plomo en oro como nos dice Filaleteo o Flamel en la Entrada Abierta al Palacio Cerrado del Rey y Flamel en el Breviario. Hoy, hacer oro por transmutación, solamente tendría sentido si fuera en grandes cantidades tal como Flamel describe en el final del Breviario o como un gran echo científico.
«Así, si pretendes hacer mucho oro, querido sobrino, lo que nunca es aconsejable por lo que puede provenir de inconveniencia y prejuicio, pon cien mil onzas de azogue en un gran caldero de hierro, a fuego fuerte. Cuando caliente, humeando, tienes ya preparada una onza de polvo escarlata de la cuarta imbibición, envuélvela con cera como una pequeña bola y échala sobre el dicho azogue humeante. El humo desaparecerá rápidamente. Activa el fuego y pronto este se trasformará, parte en masa y parte en polvo de oro amarillo, que fundirás en crisol. Lo vaciarás en masa o lingote y extraerás de todo este mercurio cerca de 99,170 onzas de oro puro, de calidad insuperable, que utilizarás como mejor desees. Serás, querido sobrino, mucho mas rico que todos los reyes, pues tendrás más de lo ellos poseen y de lo que pueden disponer en todo su reino mundano. Pero no hagas oro sino poco a poco, con prudencia, sin revelar nada a nadie y sin confiar jamás en los otros.»
Hacer una transmutación con 100.000 onzas (3.300 kg) de mercurio! No estamos en condiciones de hacer ningún comentario pues no sabemos lo que realmente pasó para poder acreditar lo que Flamel escribió. Os parecerá una exageración pero nunca se podrá comprobar la veracidad de lo que fue escrito.
Tal cantidad de oro, en aquél entonces, sería muy difícil hacerla pasar desapercibida y quienes lo hiciesen y lo deseasen vender correrían grandes peligros, inclusive incurriendo en la pena de muerte, como nos dice Filaleteo en La Entrada Abierta al Palacio Cerrado el Rey, Capitulo XIII:
«Los mercaderes no son tan estúpidos, incluso si jugando como niños te dijeran: "los ojos están cerrados, ven y no vemos." Con todo eso, si vas a ellos, en un abrir y cerrar de ojos, descubren lo suficiente como para ocasionarte la mayor miseria. La plata que es producida mediante nuestro arte, es tan fina que no puede venir de ningún lugar. La mejor, que viene de España, no sobrepasa en bondad a la esterlina Inglesa, y se presenta además en forma de rudas monedas que, a pesar de las prohibiciones legales de los países, se transportan furtivamente. Por lo tanto, si vendieras una gran cantidad de plata pura, ya te has traicionado, mientras que si quieres adulterarla (sin ser Orfebre), mereces la pena capital, según las leyes de Holanda, Inglaterra y de casi todos los países, que prevén que toda adulteración del oro y de la plata, aunque sea para (pesarlo) en la balanza, es susceptible de la pena capital si no es realizado por un orfebre profesional y autorizado. »
Hoy, esto no tendría sentido, porque si el oro fuera vendido en pequeños lingotes debidamente analizados en su pureza, habría siempre un comprador interesado.
A nosotros mismos nos sucedió cuando quisimos vender mas de 250g de oro en pepitas que trajimos de Angola en tiempos de su independencia.
Nos dirigimos a una casa que nos fue recomendada al efecto. Nos dijeron que no podían comprar el oro en esas condiciones y que tendría primero que ser analizado su contenido de pureza, y para eso nos indicaron una casa que lo podría hacer. Nos dirigimos a dicha casa y hasta ayudamos al empleado a fundirlo con un mechero a gas mientras él usaba otro oxiacetilénico.
Echó el oro en pepitas en un pequeño crisol usado por los orfebres y aplicamos fuego durante cerca de 20 minutos o más. Cuando el oro se hubo fundido completamente, emitía estallidos secos. Asombrados por la visión, preguntamos por qué el oro fundido emitía esos estallidos. Nos contestó: "es el cantar del oro puro en fusión". Era realmente hermoso verlo y oírlo!
Después de estar debidamente fundido, lo vació con precaución en una pequeña lingotera. Después de enfriado, lo pesó minuciosamente ante nosotros y nos entregó un documento de cómo quedaba en su posesión el oro para ser analizado. Al día siguiente fuimos a buscarlo. La barra de oro había sido perforada por los dos lados pero no completamente y las virutas sacadas por la broca estaban junto al lingote en un pequeño saquito de plástico trasparente. La pureza del nuestro oro era del 99,8%, apenas dos decimos aquende del oro puro.
Nos dirigimos a la casa anterior para venderlo. El dueño, que según nos dijeron era judío, nos empezó a decir que en aquél momento no tenía gran necesidad de oro puro pero para hacernos un favor lo compraría. Hechas las cuentas, vimos que nosotros estábamos a punto de ser engañados y por eso le dijimos: "si Ud. quisiere hacer negocio con nosotros pague el oro al precio de la ley del oro puro y descuente los dos décimos". El hombre se quedó mirándonos con espanto porque vio que nosotros estábamos al tanto del asunto. Estuvo de acuerdo y cerramos el trato. Trajo un gran fajo de billetes de banco para pagarnos en dinero "vivo". Viendo esto dijimos: "Pero Hombre de Dios pretende que ahora lleve todo este dinero para el convoy? Puedo ser asaltado! Entrégueme un cheque por favor".
Su sorpresa de que nosotros no quisiéramos aceptar el dinero "vivo" se debía al hecho de que quien normalmente vende oro es por que necesita de dinero, lo que afortunadamente no era nuestro caso.
Os hemos contado todo esto para que supierais que hay siempre quienes están interesados en comprar oro siempre que de ello saque una ventaja y ni siquiera preguntan por su origen. Hay sólo una formalidad a cumplir: la completa identificación de quienes lo vende, nada más.
En nuestro caso, y de muchos otros alquimistas modernos, hacer oro por transmutación no tendría mucho sentido porque la llamada Piedra filosofal tiene otras muchas más interesantes características y, actualmente, más valiosas que el oro puro.
Veamos, entonces, cuales son esas características descritas por Fulcanelli en Las Moradas Filosofales, Plaza & Janes, S.A., Editores, Barcelona, 1973:
« Lo que importa sobre todo es tener presente que la piedra filosofal se nos ofrece bajo la forma de un cuerpo cristalino, diáfano, de masa roja y amarillo después de su pulverización, que es denso y muy fusible, aunque fijo a cualquier temperatura, y cuyas cualidades propias lo hacen incisivo, ardiente, penetrante, irreductible e incalcinable. Añadamos que es soluble en el vidrio en fusión, pero se volatiliza instantáneamente cuando se proyecta en un metal fundido. He aquí, reunidas en un solo cuerpo, propiedades fisicoquímicas que lo alejan de modo singular de la naturaleza metálica y hacen su origen muy nebuloso. Un poco de reflexión nos sacará del apuro. Los maestros del arte nos enseñan que la finalidad de su trabajo es triple. Lo que tratan de realizar en primer lugar es la medicina universal o piedra filosofal propiamente dicha. Obtenida en forma salina, multiplicada o no, tan sólo es útil para la curación de las enfermedades humanas, la conservación de la salud y el crecimiento de los vegetales. Soluble en todo licor espirituoso, su solución toma el color de oro potable (aunque no contenga el menor átomo de oro), porque afecta un magnífico color amarillo. Su valor curativo y la diversidad de su tratamiento de las afecciones graves hacen de él un auxiliar precioso en el tratamiento de las afecciones graves e incurables. No ejerce acción alguna sobre los metales, salvo el oro y la plata, con los que se fija y a los que dota de sus propiedades, pero, en consecuencia, no sirve de nada para la transmutación. »
«Finalmente, si se fermenta la medicina universal sólida con oro o plata muy puros, por fusión directa, se obtiene el polvo de proyección, tercera forma de la piedra. Se trata de una masa translucida, roja o blanca según el metal escogido, pulverizable, apta tan sólo para la transmutación metálica. Orientada, determinada y especificada en el reino mineral, es inútil y no se puede actuar en los otros dos reinos. »
Aquí tenéis pues, la principal razón por la que los modernos alquimistas y probablemente nuestros antiguos Maestros no tendrían como principal objetivo el oro, sino la llamada Medicina universal que, según la tradición, permitiría al hombre vivir en perfecta salud más allá de la edad normal de un ser humano.
Hoy, es esta llamada Medicina universal lo que todos los verdaderos y modernos alquimistas buscan, la cual sería mucho más valiosa que todo el oro del mundo!
Rubellus Petrinus